Alejandro Bentivoglio

Leonora Carrignton




Alejandro Bentivoglio




EL MONSTRUO


No lo nombren, no lo digan, no le den forma. Que no exista, que no pueda abrir la puerta, que no sepa dónde está ese lugar que llamamos casa. Que no sepa nuestros nombres, que no arrastre el horror tras de sí. Que no tenga nuestra cara, nuestro cuerpo, nuestra carcajada malvada.


LOS AUSENTES


Se pasa lista de los ausentes. Ebrios de amor que recorren la cubierta de este bote que hace agua en su corazón. Todavía nadie dice presente, es que están tomándose el naufragio con calma. Apenas tristeza de ser otro nombre anónimo, alma en pena bajo un sol que sigue saliendo.



ME ESCRIBO


Ahí me empiezan las ramas del árbol que me florece página toda escrita. ¿Quién me lee los frutos hurtados a la noche? Raíces que se borran cuando alguien las toca. No hay hojas más nerviosas, de mano alzada que estas que estiro en metáforas de riego bonsai.



VIDA MAGAZINE


La manera perfecta de estar. Las piernas cruzadas. La mirada fija. El cuarto correcto. Todo es como debe ser. No hay nada fuera de lugar. Pero no falta ahí el que da vuelta la página y todo parece movido, algo que nada que ver con nosotros, un despropósito que no cierra.



ACOPLE


Me acoplo en un océano infinito. Soy pez, soy el agua. Quiero saber qué es esto de respirar. La cura o la inmersión. Despierto en la cama húmeda de sol, anzuelo en boca.



RAINMAKER


Sueño con la lluvia. Abro los ojos a la tormenta. Mi casa flota ahora en el océano que se precipita hacia dragones tan improbables como dormir o despertar.



LINEA


Aun recuerdo el perturbador sonido del teléfono, su desmesurada estridencia. Fueron muchos los que me sugirieron arrancar la línea y, aunque lo había tomado en cuenta, me parecía imposible acercarme a ese largo cable que como una cola coronaba al ruidoso animal y que, cuando yo iba y atendía, se movía de un lado al otro, feliz por mis tiernas caricias y por la atención que podía brindarle.
No, yo no hubiese sido capaz.




***
Alejandro Bentivoglio 

(Avellaneda, 1979), es autor de trece libros de microficción, incluyendo la antología personal "Transego", que recoge lo mejor de sus primeros 10 libros y "La Parca", escrito en colaboración con el escritor y músico Daniel Juárez Dion. Ha sido incluido en antologías y revistas físicas y virtuales de América y Europa y traducido al inglés, italiano y griego. También ha escrito crítica de cine, música y literatura y algunas novelas aún inéditas"




Cuentos Violentos

Julio Ruelas



Por Gabriel Ramos


A ti que te respete

–Mamá, mamá, hoy en la escuela Pablo me volvió a pegar.
–Cuando lo veas, enséñale que a ti te tiene que respetar. Dale con todo lo que tengas.
–Sí, mamá, así lo haré –dijo Axel apretando con fuerza el cuchillo que tenía en la mano.



Lectura de mano

La gitana descubrió que aquel sujeto sería su asesino en tres días. Lo invitó a su casa, lo instaló en el sofá más cómodo y fue a la cocina por el mejor cuchillo.



El asesinato

El hombre vende armas de todo tipo, diariamente las revisa y engrasa. Desde que leyó la noticia sobre el asesinato que cometió uno de sus clientes lo hace con más ahínco, le avergüenza que haya tenido que disparar todos los tiros: la pistola se trabó tres veces.



La confesión

—Ave María Purísima.
—Sin pecado concebida.
—¿Desde cuándo no te confiesas?
—Desde hace veinte años.
—¿Cuáles son tus pecados?
—Soy un asesino.
—¿Cuántas personas has matado?
—Diecinueve, hoy serán veinte. Sesión



El seudo-asesino que se arrepintió
Dedicado a Guillermo Fonseca Pérez


La bala sale del hígado de Víctor, sigue su trayectoria al reloj en el cual se impactó antes de entrar al cuerpo. El reloj deja de estar hecho trizas y regresa a su estado original. El proyectil entra al cañón de la pistola y se guarda en el cargador junto con los cinco restantes. La pistola regresa a su funda, el hombre da nueve apresurados pasos hacia atrás y sube a su automóvil. 
Cuando Víctor pasó por el cruce anterior, vio a su medio hermano, al cual le ganó la herencia del padre. 



*** 


Gabriel Ramos

Nació en la Ciudad de México. Es psicólogo, Coach Profesional, escritor y promotor cultural. Su interés está centrado en la creación de minificciones y cuentos breves. Ha publicado en: La Revista Minificción, Falsaria, Tus relatos, Cincuenta palabras, Cultura Colectiva, Culturizando y En sentido figurado. “Vivir es arriesgarse” es su primera publicación en papel. Cuenta con una publicación de sus minificciones traducida al francés en  Lectures du Mexique 2. Auteurs Mexicains. Nouvelles et microrécits.





Cinco de las 62 maneras de mi arte


Alex Katz


Por Karla G. Barajas Ramos

Libertad de expresión

Entonces los curadores y artistas enfurecidos con sus comentarios dejaron de tatuar las nalgas de los cerdos, de meter animales para ser devorados los unos a los otros en cajas; en su lugar se metieron a la jaula con más de un tigre de Bengala, mientras el público expectante veía las figuras que se formaban con la sangre de los artistas caídos. El rostro de los que quedaban vivos sufría múltiples transformaciones ante el horror de ser devorados o mutilados.
-Las garras del tigre penetrando la piel de ese hombre, recuerda al pintor clavando el pincel sobre el lienzo- explicaba una mujer a su marido mientras que los encerrados intentaban escapar sin éxito.
-¡Ves, Avelina! Valió la pena desgarrarse,  perder la vida, pero tener libertad de expresión- gritó uno de los curadores dentro de la jaula.
El público aguarda silencioso la respuesta de la crítica de arte, quien lo ve altiva frente a la jaula y dice: ejercer la violencia y la crueldad encubriéndose en ese degradado concepto de libertad de expresión es solo eso; falta de ética y violencia, nunca será arte. La crítica se aleja.
La gente se retira sin aplaudir bajo los argumentos de la feroz crítica. El tigre se devoró al último autoproclamado artista dentro de la jaula de Arte Contemporáneo. 

Evocación simbólica

Mignitorio
I
¿Qué simbolizaba un mingitorio montado al revés, con la firma R. Mutt, 1917?  ¿Qué era eso del  estilo Ready-made?  José le pidió a su maestra de primaria le explicara ¿por qué un mingitorio, un lugar que la gente utiliza para orinar era arte?
-Cualquier objeto mundano puede considerarse una obra de arte al quitarse de su contexto original y llevarlo a una Galería. Arte conceptual le llaman-, contestó la maestra Lourdes con voz sarcástica al niño.
El pequeño de nueve años, motivado con la respuesta de la maestra más inteligente del pueblo, descartó sus conjeturas: que el mingitorio representaba la jerarquía del sistema político predominante en 1917. Comenzó, según él, su carrera de artista fechando con un marcador cada objeto mundano  de su casa.
II

Cada noche contemplaba la fotografía con “La Fuente”, de Marcel Duchamp. Le inspiraba saber que su padre era un artista, hasta que sus compañeros lo desmintieron en la clase:
 -Tu papá trabaja con orines y mierda, idiota. No es artista, es fontanero.
El niño le pegó a tres de sus colegas, ante la llamada de atención de la maestra se fue llorado a casa. De hecho, no volvió a la escuela.
Años más tarde, cuando trasladaba un retrete por los pasillos de un museo para realizar la instalación de fontanería en los baños, al ver expuesta la obra Mierda de artista, Merda d’artista, de Piero Mazoni, supo que siempre tuvo razón sobre el oficio de su padre.
90 latas cilíndricas de metal de cinco centímetros de alto y un diámetro de seis centímetros, que contienen según la etiqueta firmada por Piero Mazoni; Mierda de artista. Contenido neto: 30 gramos. Conservada al natural. Producida y envasada al natural en mayo de 1961.
José deseó regresar al día en que sus ignorantes compañeros se burlaron de él para arrogarles las latas llenas de conocimiento a la cara.

Payaso

Pa papa paleta, pa papa payaso… sonó en mi cabeza cuando vi el cuadro con la imagen gigante de la Paleta Payaso en su versión de 45 gramos, con un fondo negro. Era adicta a ese delicioso malvavisco cubierto de chocolate, con ojos y boca de gomita, La Cara de la diversión, decían los anuncios que con gran eficiencia popularizaron el dulce entre las familias mexicanas y que me motivaban a comprarlo con frecuencia.
Ahora solo consumo la paleta cuando la obsequian en las fiestas infantiles, pagar 10 pesos por comida chatarra es caro, prefiero consumir plátanos.
Me fui a la ficha decía: Payaso, técnica acrílico sobre tela, medidas 100 x 80 cm, año 2016, precio 45,000.00 pesos., ¿quién además de los narcos y los políticos podría pagar tanto por una paleta? Y desde que leí cifra mi experiencia estética quedó en un segundo plano y mi mente se llenó de proyecciones mercantilistas, mejor canté: ¡Pa papa payaso! y salí de la exposición.


Otras funciones del arte

-¡Victoria, come tu espagueti, con la comida no se juega!- grita la madre a la hora de la cena.
-No estoy jugando, mamá.
-Victoria, la comida solo sirve para nutrirse. Es la última vez que te lo digo- dice la mamá con tono siniestro, arrugando la frente.
-Mentirosa, Vik Munik hizo cuadros con mermelada y espagueti- refuta la niña viendo al plato  mientras mueve la comida con el tenedor.
-Me llamaste mentirosa, ¡vete a dormir y no cenas!
Mamá y papá se ven en silencio. La mamá se enoja, ve fijamente a los ojos del marido quien alza los hombros  en espera de sugerencias.
-Desde hoy no le leemos, ni la llevamos al museo. Cada día está peor. La maestra dijo que el arte transforma, pero mira a esta niña, en mis tiempos no se le contestaba a los papás.
-La comida se comía. Los papás tampoco tenían la razón y lo sabíamos pero eran temibles- continuó el papá.
El papá observa el autorretrato que su hija de seis años hizo con la pasta y el brócoli, se asombra al ver la expresión de tristeza en la cara de la niña realizada con la salsa, se asombra de ver el realismo en su trabajo, la composición, el detalle. La mamá se acerca. Se ven a los ojos, afirman con la cabeza y tiran a la basura las ideas de apropiación, reproducción, verdad y memoria que la pequeña dejó en su plato de comida.

***

Karla G. Barajas Ramos (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; 1982)
Publiqué Valentina y su amigo pegacuandopuedes y La noche de los muertitos malvivientes, Editorial Imaginoteca, en el 2016; Neurosis de los bichos, Colección Minitauro, La Tinta del Silencio, 2017.




Microrrelatos de Víctor Hugo Ávila V.

Soizick Meister





Una noche

Después de una cena al aire libre con las abejas zumbando sobre ellos, se fueron a acostar. La mujer se puso la pijama que tanto le disgustaba, se durmió y el hombre se quedó esperando algo. Él se acercó a su cuerpo, y vio cómo a ella le salían lágrimas con los ojos cerrados, le habló en voz baja, no se despertó, pero seguían brotando las lágrimas hasta empaparse el rostro y la almohada. Él se durmió con el ceño fruncido mientras una abeja buscaba azúcar en la habitación. En la madrugada la abeja murió sobre un charco de llanto.


La sordomuda


La niña con una bolsa de dulces, notó, que todas las personas, pávidas y acobardadas, miraban un cielo común. La voz de un Dios los amenazaba, ella no podía oír el mensaje apocalíptico, se asustó y entonces gritó antes de caer al abismo, en donde los condenados iban a parar.



Saltos intermitentes



Con gracia se movía el autobús, dando saltos intermitentes entre cada bache, los pasajeros moviendo la cabeza afirman el camino. Dos señoras, sus enormes pechos que rebotan y rebotan, después, vuelven a rebotar. Entre brincos, solicito la parada para terminar con aquella carrera de obstáculos entre dos personajes de Botero.




La baba del estúpido



La baba le caía lentamente sobre la entrepierna, estaba desnudo mientras veía el radio donde se escuchaba una voz gruesa que emitía un discurso. Su madre entró y vio que estaba mojado, “Ya te orinaste estúpido”, pensaba la madre. Por eso no te pongo ropa, hombre, le dijo, y apagó el radio. El hombre empezó a gritar, a la madre no le incomodó y con una toalla le limpió el pene, el hombre tuvo una erección. Ella se sorprendió, encendió el radio y se marchó con el rostro desencajado. El discurso siguió y mientras la baba del estúpido le caía de nuevo, su erección fue bajando con lentitud como su saliva que descendía en espesos hilos largos.


Una bala en la cabeza



En la sala, cuando se apagó el televisor y se quedaron a oscuras, por fuerzas que ella creía extraordinarias, su compañero de cama le habló.


- I have a bullet in my mind.


- No, in your head.


- No, I have a bullet in my mind.


- No, in your head.


- I have a bullet in my…


El televisor se prendió iluminando sus rostros, las últimas palabras, en ella, se quedaron como un eco sobrenatural, mientras él continuaba mirando su televisor con una sonrisa un poco infantil y ridícula.





Al final



…¿Esos ojos de jaspe? ¿Esa barba de trigo?

Este fue un caballero que persiguió a la Muerte.

Retratos (fragmento). Rubén Darío.




En la espera de su escape, se despedía de su amada en la mansión, mientras su hija muerta lo llamaba desde su cuarto, su hija viva lo miraba con una dulzura desconocida, y es que ella sabía.


Ya venían aquellos fantasmas que acompañan a la enfermedad.


-Adiós.


Y él corrió hacia el cuarto de su hija muerta y sonrió ante el vacío.


Subió al techo, cayó.


En medio de los árboles, acostado, vio a los fantasmas que ya se alejaban al verlo tendido sobre el pasto sin remedio. Él pasó la noche allí, sintiendo que moría. Comenzaba a olvidar todo, a su amada, a su hija viva y a su hija muerta, y las hojas siguieron cayendo hasta cubrirle la vista.



***

Víctor Hugo Ávila Velázquez



Víctor Hugo Ávila Velázquez (Aguascalientes, México, 1986). Narrador. Ha colaborado en diversas revistas culturales desde el año 2006. En el año 2010 publicó su primer libro de relatos titulado “Retratos en marco de piedra”.







Microrrelatos de Pedro Sánchez Negreira

Juan Yanes

[DES]ALIENTO

Ocho meses, tres días y catorce horas han pasado desde que te marchaste sin explicarme por qué y yo aún no he podido deshacerme de tu cepillo de dientes.

LLANTO

Sentada en la mecedora a los pies de la cuna y oculta en la oscuridad taciturna de la habitación, ella se consume en un balanceo vesánico acunando en sus brazos el vacío. En sus anhelos, el niño aún llora.

ENVÉS

Le llamó la atención la mueca de desagrado de la vecina del quinto, cuando se cruzaron en las escaleras; el gesto de sorpresa del portero, al verlo salir del edificio; el miedo en los ojos de la secretaría del bufete colindante con su oficina, al encontrarse con ella en el ascensor y que Pili –la recepcionista– disimulase e hiciese como que no le había visto, negándole el saludo, cuando llegó a la empresa.
No fue hasta las once, una vez en el baño y viéndose en el espejo, que se dio cuenta de que esa mañana, después de afeitarla, se había puesto la cara del revés.

VÓRTICE

Lo primero que engulló el remolino, cuando aún era imperceptible, fue una esponja pequeña. Luego –a medida que ganaba intensidad– se llevó un pez payaso, dos defines que permanecían inmóviles y un tiburón tigre. Al tiempo que crecía y se hacía notorio, enredó en su torbellino a un buzo –con tanques de oxígeno– y a otro –sin tanques–, una pequeña lancha neumática y el velero que se suponía su nave nodriza. Finalmente hizo desaparecer a tres soldados de los U.S. NAVY S.E.A.L., a dos submarinos –uno el doble de grande que el otro–, cuatro vaqueros, dos pelícanos y al bebé que jugaba con unas tijeras de plástico y un pato amarillo de pico naranja. Con el rejilla aún en una mano y su sirena con el pelo trasquilado en la otra, la niña sonrió ante la alberca vacía.

CORVIDAE

«Sr. Corvidae, han tenido ustedes un ángel» me anunció la enfermera, disimulando un rictus de desconfianza, a las puertas del paritorio. Aún cautivos de la sorpresa inicial y el miedo propio de los principiantes, su madre y yo lo aceptamos como el niño que habíamos deseado durante tanto tiempo y lo criamos con todo el amor que fuimos capaces de sentir. A pesar de nuestra inexperiencia lo colmamos de cuidados. Protegimos aquellas dos alas negras que hacían que los demás le negaran su condición. Intentamos enmascarar sus diferencias y encubrir sus obsesiones; como esa costumbre compulsiva de acicalarse las plumas de sus alas. Le consolábamos asegurándole que, a pesar de esos reflejos azabache que decía no soportar, era tan hermoso como el más hermoso de los ángeles. Le sobreprotegimos y ese exceso de mimos fue nuestro error irremediable. Ayer, antes de huir y abandonarnos, nos quitó los ojos.

PREGUNTAS ABIERTAS

En el instante en que le doy la espalda –después de un polvo subrepticio en el cuarto de los manteles del restaurante donde celebra la comunión de su hija pequeña– con el vestido aún arrollado alrededor de su cintura y el tanga en el suelo –enganchado al tacón de su zapato de fiesta– me pregunta, en un susurro como de letras minúsculas, si la amo de verdad o lo hago sólo por joder a su marido. Su marido –conviene aclararlo– no es otro que el cabrón de mi jefe.

Me vuelvo y tomo su cara entre mis manos, mientras dejo que mi mirada se pasee por su piel percudida en un falso moreno, como de cartón antiguo.  Me acerco dos pasos hacia ella hasta notar el roce de sus pezones en mi camisa.  Al tiempo que cuelo mi muslo entre sus piernas, acerco mi boca a su oído con el único fin de que mi perfume se pegue a sus dudas. Entonces la miro a los ojos y sonriendo le respondo: «¿Tú qué crees?»



Pedro Sánchez Negreira por Pedro Sánchez Negreira

Aprendí en Montevideo, a orillas del Río de la Plata, que no sabría vivir sin leer; pero no comencé a escribir hasta que afirmé mi pluma en el fin del mundo, allí, entre nunca y quién sabe. Desde entonces he participado como autor en el libro «deantología. la logia del microrrelato», antologado por Rosana Alonso y Manu Espada y publicado por la editorial Talentura; así como en las antologías digitales «Grandes microrrelatos de 2011» y «Destellos en el cristal» (ambas publicadas por la Internacional Microcuentista) y en «LECTURES D'ESPAGNE, une anthologie vivante. AUTEURS ESPAGNOLS DU XXI SIÈCLE». En noviembre de 2013 vi publicado mi primer libro de microrrelatos, «Verde como el Hielo».



GRITO EN EL CIELO


 
TIM FLACH-VÍA JUAN YANES

Por Ricardo Bugarín


PRODIGÁNDONOS EL SILENCIO
Nunca me desnudé en público. Esa sería la primera vez. Cuando así lo expresé, quedó establecido el acuerdo mutuo. Con una naturalidad, casi inusitada, las ropas giraron hacia el piso. El acercamiento fue pródigo, expectante y sostenido. Fue reconociéndome en su camino exploratorio. Con suaves mordiscos fue marcando todo mi pecho. Retribuí como corresponde. Cuando llegamos a ese instante en que sólo las miradas pueden comprenderse, nos intercambiamos las prendas. Nos fuimos cubriendo con vestiduras ajenas y descendimos del altillo. Acabábamos la siesta en la que estuvimos prodigándonos el silencio. Tomamos la lancha y dejamos atrás los canales fueguinos.

PROGRESO
Cuando me doctoré en vexilología, comencé a ascender. Al comienzo casi ni me di cuenta del avance de mi trayecto. Partiendo desde mi base, desde mis inicios, todo tenía algo así como de curiosidad expectante. Después todo fue enarbolantemente vertiginoso. Ya se han soltado las amarras y el cordón es apenas un recuerdo liberado y desvanecido hacia los cielos. Ya he perdido el mástil, ya me he liberado de la fragosidad de la historia. Ahora solamente queda compartir los vientos que, a favor o en contra, puedan cruzarse en mi camino. Pero aquí voy, en perspectiva de mayores logros.

PLACEBO
Paseando por la región, llegó a un espacio de aires aquietados, luz tenue, aromas sosegados, en que el trayecto ofrecía algunas alternativas. Pensó un instante al mismo tiempo que deshacía el esbozo de una duda y decidió avanzar hacia la derecha y seguir la flecha de neón que indicaba: duodeno.

GRITO EN EL CIELO
Cuenta el Libro Mayor (aunque nunca supimos cuál era ese libro) que cuando las tortugas despierten, desde el centro de la tierra, se habrán de sacudir hasta las montañas más altas y se habrán de abrir hasta los mares   más profundos. Cuenta, además, que las tortugas están allí todas calladitas pero, cuando ese día despierten, con sus bramidos habrán de cubrir todo el orbe conocido. Será entonces cuando nosotros pegaremos el grito en el cielo pero todo será como un intento mudo. Nadie escuchará. Nadie vendrá por un rescate. Y todos los muertos –hasta los muertos- querrán escapar de sus prisiones soterradas. Tal vez entonces se quiera escribir un nuevo libro. Tal vez entonces comience el paraíso.

VERANO
Tomamos sol en la playa y después lo guardamos en el cesto junto a los restos de comida y gaseosas a mitad de botella. Advertimos que ya no hay espacio para el protector y las cremas mientras el periódico del día no nos entraba ni siquiera plegándolo. Avanzamos por la duna y oímos la voz de nuestro hijo que, en su particular manera de preguntarlo todo, nos dice: ¿no será mucha luz para meterla toda en casa?.

BRUTA REALIDAD
En estos tiempos tan materialistas, de venta on line y diversos dineros, pareciera que los sueños fueron asesinados por tanta impiedad humana y se nos hace cuesta arriba poder encontrar un fauno con quien compartir la siesta.

ALMUERZO
Me da miedo el puré de papa. Tan blanco, tan acicalado, tan personal como nalga de bebé bien empolvada. Me provoca estupor de infancia y me da temor que en cualquier momento se le ocurra una sublevación o revolución indoamericana y se desbarranque del plato y sea un zafarrancho el mantel y toda la mesa.
Prefiero un vaso con agua y que todo el resto sea imaginación culinaria.

***

RICARDO ALBERTO BUGARÍN
 
(General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962)
Escritor, investigador, promotor cultural.
Publicó “Bagaje” (poesía, 1981). En microficciones ha publicado:“Bonsai en compota”(Macedonia, Buenos Aires, 2014), “Inés se turba sola”, (Macedonia, Buenos Aires, 2015), “Benignas insanias” (Sherezade, Santiago de Chile, 2016) y “Ficcionario” (La tinta del silencio, México, 2017).
Diversas publicaciones periódicas y revistas especializadas han publicado trabajos suyos tanto en Argentina como en Ecuador, España, Italia, USA, Venezuela, Chile, México, Perú, Colombia, Bolivia y Uruguay.
Textos de su libro “Bonsai en compota” han sido traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia).
Integra las ediciones  “Borrando Fronteras-Antología Trinacional de Microficción Argentina, Chile y Perú”; “¡Basta! Cien hombres contra la violencia de género” (edición argentina); “Vamos al circo. Minificción Hispanoamericana” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP, México) y “Antología Iberoamericana de Microcuento” (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia).


Golpes sobre la mesa, por Camilo Montecinos G.

Juan Carlos Mestre


Interpretación
Siguió sus pasos hasta alcanzarla. Debió avanzar varios metros y correr de vez en cuando. Estaba seguro que la mirada que se cruzaron en la esquina, decía algo más… algo así como «sígueme, viólame, mátame… te lo ruego».

Conjeturas
El detective se impresiona con la limpieza de la escena: ningún rastro de sangre, ninguna huella dactilar, ningún objeto fuera de su sitio. En la habitación, todo está como si nada hubiera pasado, salvo por el hombre muerto en el piso.
El detective se atreve a pensar que quizás sea cierto lo que murmuran los vecinos: «La mujer asesinada volvió para vengarse».

Triángulo del desamor
En estricto rigor, no eran amantes, porque su matrimonio había terminado hace ya un buen tiempo. Vivía con su esposo en la misma casa, es cierto, y compartían la habitación, pero ambos se encontraban en mundos totalmente diferentes.
En estricto rigor, no lo engañaba, porque en más de una ocasión le insinuó que veía a otro. Pero él no le hizo caso, no la creyó capaz.
En estricto rigor, no había culpables y tampoco víctimas, no había sangre en esa casa oscura y vacía, no había gritos ni disparos, no había crimen. Nunca hubo tres.

Cargo de conciencia
Me sigue a todas partes. Me espía cuando voy a la oficina, cuando estoy en el mall, en el metro, en las calles. A ratos, siento su presencia, sus pasos, su respiración, y escucho que me llama, que me habla pidiéndome que lo perdone.
Que está arrepentido.
Que nunca fue su intención asesinarme.

Pesadilla de frontera
Los sueños de pasarelas quedaron guardados en la maleta. No tuvo tiempo para desempacar. La noche recién comenzaba y los clientes ansiosos esperaban su turno.
Un país diferente, un idioma distinto y el aliento de un hombre extraño recorriendo su espalda.

Lealtad organizacional
Dulcinea esperaba que Sancho hiciera algo más por ella, en honor a los años de romance clandestino, y no que la dejara moribunda en un cuartucho oscuro de la taberna. Pero un buen escudero nunca traiciona a su amo.

Princesa no busca príncipe
La princesa no se sentó a esperar hilando en la rueca, ni bordando un ajuar nupcial con hilos de oro. Decidida, buscó la forma de salir del castillo y vencer al dragón por sus propios medios. Ya habría tiempo para convencer al mundo de que así fue la historia real, y no como la contó ese tal Príncipe Azul.

Sacrificios de moda
A Cenicienta le sangran los pies. El príncipe la obliga a usar tacones de cristal, argumentando que las mujeres deben verse siempre lindas para los hombres. Y que «para ser bella hay que ver estrellas».


Estos textos pertenecen al libro Golpes sobre la mesa, 2017. 
 
***

Camilo Montecinos Guerra (Arica – Chile, 1987). Profesor de Castellano. Ha publicado un libro de microficción, “Golpes sobre la mesa” (2017, Ediciones Sherezade). Además, sus textos han sido difundidos tanto en medios impresos como digitales: “Antología de escritores del norte” (Sech, 2012), “Borrando fronteras”, (Ergo sum, 2014), revista “La Taberna de Innsmouth” (Cathartes Ediciones, 2017),  revista “Cuentos para el andén” (España), antología de microcuento policial “Dispara usted o disparo yo”, de Lilian Elphick, entre otros. Obtuvo 2° lugar en el concurso de microrrelatos “Arica en 101 palabras” los años 2012, 2013 y 2014; 1° lugar en el concurso “Déjalo ahora” el año 2015; y 3° lugar regional en el concurso “Historias secretas de nuestra tierra”, el año 2016.

Microrrelatos de Celina Aste


Diecisiete

No me fui a acostar temprano. Tenía planes y además, la luna estaba tan blanca que no podía perderme el espectáculo. Me atrajo como a las mareas. Cuando el rocío comenzó a humedecer mi piel más de la cuenta, me protegí bajo el alero de la galería. Miré el reloj; todavía faltaban una hora. Busqué el vaso de vidrio alargado donde había colocado una yerbera blanca para la ocasión. Me gustó haber guardado su vela amarilla como recuerdo; servía para esa noche también. La mesa estaba lista para el festejo. A la madrugada sopló un viento que me despabiló; me habría quedado dormida, no supe bien. Percibí un aroma ajeno y a la vez intenso, joven tal vez. Miré el reloj. Ya era la fecha. Fui a la cocina, Saqué la torta de la heladera. Coloqué diecisiete velas sobre ella. Con un encendedor, prendí una a una. Tardé una infinidad de minutos en hacerlo. Cada vela me traía un recuerdo de ella. Cada vez me temblaba más el pulso. Cada vez el perfume era más dulce. Prometí que no iba a llorar;  los cumpleaños son para celebrarlos. Por dentro me preguntaba cómo se festeja en época de duelo. Insistí. Los cumpleaños son para celebrarlos. Repetí esa frase en voz alta varias veces hasta que la voz no se quebró más. Aspiré profundo para soplar con ganas las velas sobre la torta. Una ventisca suave como las alas de un ángel  sopló antes que yo y las velas se apagaron. Me reí, mucho. –Me ganaste de mano –le dije a esa esencia con olor familiar.

Dieciocho

El jueves pasado te extrañé más. A la hora en la que solíamos almorzar, sobre todo. No puse tu plato sobre la mesa del comedor de diario pero sí cociné la comida preferida de tu mamá. ¿Te acordás? Fue la solución para que no la extrañaras. Ahora es mi plato favorito también. El jueves pasado me senté frente a la mesa baja del living. Me había servido sólo las arvejas, las que vos siempre me pasabas a mi plato para ver cómo rodaban. Te confieso que giré el plato para un lado y el otro. Una idea absurda como la que intenté enseguida. Cerré y abrí los ojos varias veces. Siempre con la misma intención e intensidad. Un esfuerzo inútil del que vos, sin embargo, te hubieras reído. Empecé a pinchar una a una las arvejas como hacías vos cuando te obligaba a comer toda la comida. Cada bocado me sacaba más el hambre; el aire. Respiré hondo. Habría sido mi aliento o tus ganas de estar cerca, no sé; la cortina del living se sacudió apenas. Me levanté de la mesa y me acerqué al ventanal. Me faltaba más el aire. Me apretaban los zapatos, las medias, el suéter, la camisa. Me quité casi todo. Así, poco cubierta como te vi la última vez, te hablé. ¿Te acordarás? Te pregunté por tus estudios, el viaje de egresados que no llegaste a hacer, si extrañabas, si dormías bien, si tenías el pelo más largo y la voz más suave. Me quedé en silencio no sé cuánto tiempo hasta que empecé a tener frío. Me puse sólo el suéter e hice lo que tenía planeado para ese día. Me senté al piano. Una vela, un solo acorde de feliz cumpleaños y un beso al aire. En mi plato, sobre la mesa, la última arveja rodó apenas.

Diecinueve

Tocó un día de sol y viento fresco. Respiro primavera en el aire. ¿Estarás así, liviana? ¿Serás polen, azalea o mariposa? Como sea, hay que celebrarte. Me doy un baño, me arreglo más como si me vieras hacerlo. Busco mi fragancia de limón; tal vez así me huelas más pronto. Voy al jardín. Busco el sol. Te busco en el sol. Me siento en el pasto y te pienso, te pienso, te pienso. Mi ropa se vuelve tibia y tu carita bien nítida. Te deseo feliz no cumpleaños. Me río de mi ocurrencia. Sopla un viento de más y una pelusa me obliga a cerrar los ojos. Me lloran. Los dejo llorar. Dicen que así se lavan las basuritas. No puedo dejar de llorar. Ahí sale, la siento con las yemas de mis dedos. Abro los ojos. Miro y veo un plumín verde diminuto. Lo dejo sobre una hoja del cerco y entro a lavarme la cara. Abro la canilla y, como de costumbre, veo a través de la ventana. Un colibrí se mantiene en el aire cerca del ligustro. Me dan ganas de atraparlo. Sin embargo, te dejo ir.

Veinte

     Tengo ganas de caminar distinto. Apoyarme en mis palmas y ver el mundo al revés por un rato, hoy en especial. Entonces, la copa del árbol sería la raíz y la raíz sus ramas. Entonces, andaría en el cielo y miraría alto para disfrutar las flores colgantes. Tiempo que condiciona. Un tiempo que no es pero me gustaría que fuera. Y yo iría con mi regalo pensado para vos; vos me darías un beso. Me mostrarías tu torta y lo fuerte que soplarías las velas, porque ya sabrías como hacerlo. Sí, todo al revés, ficción vuelta realidad. Por hoy nada más. Entonces, vos, con apenas dos años, todavía estarías.

Veintiuno

     Hoy es un día de ausencia larga. También de vivencias desordenadas. Pienso, por ejemplo, que cuando algo se extiende en el tiempo, por razones naturales, se modifica. ¿Siempre sucede así? Y entonces me vienen a la cabeza esas cataratas que alguna vez visité. Esa agua que caía, sigue cayendo. Inmutable. Imperceptible. Y ahí está mientras nosotros nos hacemos los distraídos o los ocupados. Algunos días de sol y descanso nos permitimos pensar en ellas y casi sentimos gotas que nos salpican. Por unos días esa vivencia nos ronda y queremos que se vuelva más fuerte el recuerdo. Buscamos fotos, videos que nos hablen del sonido del agua, de ese sonido que se nos va con el tiempo y no queremos que se vaya pero sucede. Y nos volvemos a encontrar frente a esa catarata y está igual que cuando la dejamos; que cuando nos dejó.
     Hoy quiero probar cuánto dura un recuerdo cuando lo evocamos; me refiero a la duración de su nitidez. Me siento en el sillón más cómodo de la casa. Cuento bien despacio mientras, de a poco, percibo la imagen que quiero. Hasta veintiuno cuento; después de ese número suena el celular y me distraigo aunque no atiendo. El recuerdo ya no está. Más bien miro la hora y me acuerdo de todo lo que tengo que hacer. Busco la cartera, guardo el celular. Tomo las llaves de casa y abro la puerta con la idea clara de que la caída de las cataratas no se modifica con el tiempo. Mientras cierro la puerta con llave me pregunto si con los ángeles pasará lo mismo. Me quedo unos segundos así, mirando a ninguna parte.



Celina Aste. Profesora de inglés egresada de la Escuela Superior Nacional en Lenguas Vivas “Sofía E. B de Spangenberg”, dicta clases de escritura y literatura en ese idioma. Publicó su primer libro de microficción Todo lo que tenía que crecer en el año 2012. Dos de los relatos incluidos en este libro fueron premiados por la página “El cuento del día”. Participó en el Primer Coloquio de Microficción realizado en C.A.B.A. en 2015. Representó a Buenos Aires en el primer encuentro de microrrelatistas “Córdoba breve” en la ciudad de Córdoba en 2016. Participó de la IX Jornada de microficción en la Feria Internacional del Libro de este mismo año, 2017. Participó en el Congreso Nacional de Literatura David Lagmanovich en la provincia de Tucumán en 2017. Publicó su segundo libro de microficción Erosión en mayo de 2017 de la mano de Editorial Macedonia. Varios de sus microrrelatos forman parte de la antología Entre mate y mate publicada por la editorial peruana Micrópolis en septiembre de 2017.